
Un vecino nos regaló esta maceta de guindilla, creo que es lo mismo que en algunos sitios llaman chile, cayena o ají.
Un señor jubilado que tiene muchas plantas en su porche y todas cuidadas con esmero. Cuando nos la dió estaba preciosa, las hojas verdes oscuras y muy tersas, pues la tenía a la sombra y la abonaba con estiércol de caballo que por lo visto recoge en sus paseos diarios por el monte.
Yo la tengo peor y está perdiendo hojas, pues está a pleno sol y no tengo estiércol, solo le echo agua y un poco de compost.
Aún así está cargadita de frutos y me encanta. Ya he recogido varios, pero aún nos los he probado, el señor que nos la regaló nos advirtió de que son muy picantes. Un día de estos las probaré con gambas al ajillo o con setas, que a mí me gustan muy picantes.